Maneras
de refrigerar nuestra casa
Con la llegada
del calor la utilización de sistemas para refrigerar nuestro
hogar se convierte en algo necesario, sobre todo en aquellas zonas donde la temperatura
alcanza las cotas más altas. De todas maneras, antes de decidirnos por
uno u otro tendremos en cuenta sus ventajas y el coste energético
que nos pueden suponer.
Fundamentalmente nos vamos a referir a los dos
sistemas que habitualmente se emplean en los hogares, la instalación de un aparato de aire
acondicionado y el uso de ventiladores. Cualquiera de estos dos métodos
puede ofrecer buenos resultados, pero sería conveniente que tuviésemos
en cuenta sus características para decidirnos por uno u otro.
En
primer lugar se trata de dos formas de refrigeración de un espacio
distintas. El aire acondicionado es un sistema que se emplea para variar
las condiciones ambientales de una estancia respecto al exterior. A través
de un conjunto de aparatos logra controlar la temperatura y grado de
humedad del aire. Básicamente
consta de lo que se denominan difusores de entrada, a través de
los cuales el aire del ambiente se conduce a una unidad de refrigeración
que enfría
el aire con agua fría (a una temperatura que suele oscilar entre
los 5 ºC
y los 8 ºC). Después este aire enfriado regresa a la estancia
mediante los llamados difusores de salida, consiguiéndose una
refrigeración
del ambiente.
Como vemos se trata de un proceso que consiste
en el enfriamiento del aire del ambiente mediante agua. Principalmente
existen dos tipos de aparatos de aire acondicionado, dependiendo de la
fuente energética
que emplean para enfriar el agua, los eléctricos y los que usan
gas natural. Estos últimos
consumen menos energía.
Debemos tener claro que el objetivo
del sistema de aire acondicionado es mantener a una temperatura y
humedad constantes un recinto aislado, por lo que para que su efecto sea
plausible tendremos que mantener cerrados los accesos a este recinto, lo
que se traduce en que si abrimos las puertas o ventanas de nuestra casa
estaremos reduciendo la eficacia del aire acondicionado.
Su máximo
inconveniente es que consume bastante energía. Por el
contrario logra mantener estable la temperatura de un recinto.
Los
ventiladores, en cambio, son mucho más baratos y permiten
un mayor ahorro energético
pero no enfrían el aire, lo que hacen es provocar una corriente
refrescante, mediante el giro de sus aspas. No se trata de que
enfríen
el ambiente, sino que mueven el aire generando una corriente.
Con
estos aparatos si es recomendable abrir las ventanas, para permitir
que la corriente de aire sea más potente.
De todas maneras para ampliar sus efectos conviene tomar medidas,
tales como colocar persianas y cortinas de colores claros para
que reflejen el calor hacia el exterior, colocarlos debajo de ventanas
para así aprovechar
la corriente de la calle, no dejarlos encendidos innecesariamente
(cuando salgamos de casa o no estemos en la habitación en
la que está instalado)
o limpiar periódicamente sus aspas.